Asesinos de la arena
El día comienza, con gran júbilo, se acerca el fin de año,
Todos los burgueses “honrados” señores, que luchan
Por nuestros derechos, sé citan en aquella majestuosa,
Plaza en honor al “arte”.
Las graderías se llenan con mujeres de alto nivel y de
Gran coste para mantener, los señores del “cartel”, sé
Confunden con los parroquianos de antaño.
El director de la “honorable” plaza de toros, promete
Una inolvidable corrida, los toreros, marchan tan dignos,
Casi como conquistadores, en busca de su laurel.
Por fin entre alardeos de la plebe en alza y el aullido
De los nuevos ricos, desfilan las amazonas en sus
Lindos corceles, algo ebrias por la fiesta del día anterior,
Donde fueron “toreadas”, por los matadores, del gran
Continente, en busca de un futuro mejor.
Luego dieron paso a los rejoneadores, encargados
De dar una caricia sangrienta al gran toro de pura,
Sangre desde su inmenso caballo, su labor están
Simple y cruel, castigar al toro, pará
Poderlo debilitar.
Pero llega el momento del éxtasis, hace
Presencia el gran torero, hombre sin
Escrúpulos, qué antaño golpeaba sudacas,
Por diversión en su lejana ciudad de león,
El de cierta manera, es el nuevo prototipo
De conquistador, sólo le interesa llevarse,
Nuestro dinero y acostarse con cualquier,
Ramera que lo llame superior.
La tarde pasa, sin imprevistos, todos
Los toros han sido asesinados, y el gran
Torero en hombros, espera salir alzado.
Pero el destino, es justo y en un descuido,
El gran toro blanquecino, hiere a su asesino,
Sin ningún temor, le atraviesa el pulmón,
Lo levanta por los aires, y hace que su
Sangre se confunda con la arena.

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