miércoles, 23 de noviembre de 2011

Asesinos de la arena

Asesinos de la arena








El día comienza, con gran júbilo, se acerca el fin de año, 
Todos los burgueses “honrados” señores, que luchan 
Por nuestros derechos, sé citan en aquella majestuosa, 
Plaza en honor al “arte”. 

Las graderías se llenan con mujeres de alto nivel y de 
Gran coste para mantener, los señores del “cartel”, sé 
Confunden con los parroquianos de antaño. 

El director de la “honorable” plaza de toros, promete 
Una inolvidable corrida, los toreros, marchan tan dignos, 
Casi como conquistadores, en busca de su laurel. 

Por fin entre alardeos de la plebe en alza y el aullido 
De los nuevos ricos, desfilan las amazonas en sus 
Lindos corceles, algo ebrias por la fiesta del día anterior, 
Donde fueron “toreadas”, por los matadores, del gran 
Continente, en busca de un futuro mejor. 

Luego dieron paso a los rejoneadores, encargados 
De dar una caricia sangrienta al gran toro de pura, 
Sangre desde su inmenso caballo, su labor están 
Simple y cruel, castigar al toro, pará 
Poderlo debilitar. 

Pero llega el momento del éxtasis, hace 
Presencia el gran torero, hombre sin 
Escrúpulos, qué antaño golpeaba sudacas, 
Por diversión en su lejana ciudad de león, 


El de cierta manera, es el nuevo prototipo 
De conquistador, sólo le interesa llevarse, 
Nuestro dinero y acostarse con cualquier, 
Ramera que lo llame superior. 

La tarde pasa, sin imprevistos, todos 
Los toros han sido asesinados, y el gran 
Torero en hombros, espera salir alzado. 

Pero el destino, es justo y en un descuido, 
El gran toro blanquecino, hiere a su asesino, 
Sin ningún temor, le atraviesa el pulmón, 
Lo levanta por los aires, y hace que su 
Sangre se confunda con la arena.






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